la droga en el ambito familiar: el fenómeno social del uso indebido de drogas constituye en nuestros
días uno de los problemas más importantes a los cuales debe hacer frente
la mayor parte de los países desarrollados.
La expansión
del fenómeno de la drogadicción y la problemática social que comporta
han hecho de este uno de los problemas de salud pública más graves de la
actualidad, no solo por él mismo sino además por ser el desencadenante
de otros problemas, como por ejemplo el SIDA o los accidentes de
tráfico. Más allá de la libertad individual y responsabilidad de cada
persona sobre su propio cuerpo, su vida o su muerte, el uso inadecuado o
el abuso de las drogas, legales o ilegales, es un problema que genera
enormes costes personales, sociales y económicos.
En
estos momentos, la inversión de recursos económicos y humanos adscrita a
la prevención continúa siendo muy pequeña, insuficiente, aunque
contamos con investigaciones fiables que ponen de manifiesto la
necesidad y prioridad de la prevención primaria, así como algunos de los
factores de riesgo que controlan el inicio y mantenimiento del consumo
de drogas en los adolescentes. Las investigaciones realizadas es
necesario que vayan encaminadas a detectar las relaciones entre el
inicio al consumo de drogas y una serie de factores que,
a priori ,
podían ejercer un importante papel: socialización, autocontrol,
autoconcepto, información, actitudes frente al consumo y otros factores
personales y sociales.
Factores familiares
La
familia es sin duda un factor principal a la hora de comprender el
fenómeno de las drogodependencias. Y es importante porque el clima
familiar en el que se mueve un individuo es decisivo para configurar su
personalidad, sus actitudes, su autoconcepto y su forma de
interrelacionarse con el medio social y cultural. Además, la influencia
que otros contextos sociales puedan tener sobre los hijos, pasa
normalmente por el tamiz de los padres, ampliando o disminuyendo sus
efectos, tanto positivos como negativos.
La familia es el
primer marco de referencia en el que se realiza la socialización del
individuo. Este proceso es crucial para la formación del adolescente.
Los padres, además de cuidar y proteger a sus hijos, como modelos de
comportamiento.
Los estudios ponen de manifiesto que una
buena relación con los padres es una poderosa protección ante el consumo
de drogas y que una correcta comunicación entre padres y hijos y un
clima propicio son necesarios porque la comprensión, la satisfacción
percibida por el joven, el desarrollo del autoestima y el autocontrol,
facilitan su progresiva independencia del grupo familiar.
El
papel de los padres en los procesos preventivos va más allá de ofrecer
un modelado racional sobre el uso de las drogas y crear un ambiente
comunicativo y de buenas relaciones. El estilo de educación recibida por
el hijo influye en el posterior desarrollo de una drogodependencia.
Por
estilo educativo familiar se designa al conjunto de estrategias
empleadas por los padres para influir en sus hijos e inculcarles una
serie de valores y normas culturales que guían su conducta social.
Encontramos dos aspectos diferentes en la disciplina: el apoyo y el
control. El apoyo es la conducta manifestada por los padres, confirmando
al hijo que es básicamente aceptado, querido y respetado, lo que hace
que se sienta integrado en la familia. El control se refiere al grado de
intensidad de la influencia de los padres. Dependiendo del nivel de
control que ejerzan sobre los hijos, se puede hablar de diferentes
estilos educativos familiares: democráticos, autoritarios, pasivos, etc.
En relación con las drogodependencias, se ha observado que a mayor
apoyo paterna son menos frecuentes las conductas no aceptadas
socialmente, las agresiones y el consumo de drogas. Y sentido inverso,
cuanto mayor es la coerción mayor es la frecuencia de conductas
transgresoras.
Posteriormente, cada vez se sabe con mayor
certeza que el uso frecuente de drogas parece depender más de la
calidad de las relaciones entre padres y hijos que de otros factores. En
general, son aconsejables cierta flexibilidad ante situaciones como las
drogas o determinada crisis, una buena capacidad para el entendimiento,
la comprensión y la comunicación. Cuanto antecede es suficiente para
concluir que el uso y el abuso de las drogas es, primero que nada, un
problema familiar (Verdú,1994).
La prevención de las
drogodependencias en el ámbito familiar requiere que los padres se
encargan de la educación de sus hijos/as, es decir, los enseñan a vivir
sanamente, a tomar por si sólo decisiones sensatas, a desarrollar y
potenciar su autoestima y autocontrol, es decir, que los ayudan a
desarrollar al máximo todas sus cualidades como seres humanos, en un
clima de amor, libertad y solidaridad. Esto es posible a través del
ejemplo personal y de un clima familiar que, por medio de la
comunicación, potencie el autoafirmación, el autocontrol emocional y las
habilidades de resolución de problemas en los hijos.
El
desarrollo de estas condiciones en sus hijos debe comenzar desde los
primeros años de vida para profundizar progresivamente, atendiendo a la
madurez que presentan en cada período evolutivo, de forma que cuando
logran la adolescencia, período de mayor riesgo de inicio al consumo de
drogas, posean unas actitudes saludables y unas aptitudes que les
permiten tomar decisiones racionales y mantenerse en ellas, haciendo
frente a la presión del grupo de iguales o de la publicidad.
Es
muy importante que en la familia exista un diálogo permanente, una
amplia y sincera comunicación entre padres y hijos, que permita
disminuir las tensiones familiares e identificar situaciones de riesgo,
no solo de consumo de drogas, sino también de ansiedad, depresión,
frustración. Potenciar la negociación, el apoyo y la búsqueda de
soluciones saludables ayuda a lograrlo.
Es cierto que la
educación que los padres puedan dar a sus hijos no representa una
garantía al cien por cien que sus hijos no desarrollen conductas
adictivas, ahora bien, esto no los exime de su responsabilidad
educadora. Además, lo importante es saber que cuantos más factores de
riesgo controlen, más posibilidades habrá de prevenir el consumo de
drogas en sus hijos
Aunque somos conscientes que no hay
padres ideales podemos intuir cómo podrían ser unos “buenos padres”, a
los que calificaríamos como democrático-normativos y cumplen:
• Resaltan las actitudes democráticas.
• Satisfacen la necesidad de afecto de sus hijos.
• Razonan las normas establecidas y están abiertos a la negociación. No imponen su poder, lo comparten.
• Reconocen sus errores y aceptan la suyo parte de culpa en los problemas.
•
Participan al ámbito escolar y comunitario potenciando los servicios y
actividades que facilitan una educación integral y saludable y unas
alternativas de ocio y tiempo libre más saludable.
Adaptado de Musitu y otros (1994).
La
prevención del abuso de las drogas en la familia es realmente una buena
forma de ejercer la paternidad, aunque sea insuficiente por si sola.
Los padres y otros miembros de la familia deben estar informados de los
escenarios actuales de la droga, especialmente en su localidad (Moon,
1993). Además, deben alentar y fortalecer al diálogo y la comunicación
como a medio de transmitir las actitudes, habilidades y conocimientos
que permiten a sus hijos tomar decisiones responsables.
La
prevención en el seno de la familia se realiza a través de los padres.
La capacitación de los mismos para el desempeño de su tarea se ve
facilitada con la asistencia a los distintos cursos de formación
enmarcados en la que la actualidad se denominan
Escuelas de padres.
Hay
que constatar la existencia de factores de riesgo que predisponen al
consumo y la necesidad de promover factores de protección. En este
sentido, los padres y madres pueden detectar factores de riesgo en sus
hijos y fortalecer así los factores de protección. Este es el motivo por
el que se apuesta por un enfoque educativo que promueva, en el seno de
las familias, no solo la competencia para informar, sino también
capacidad para trabajar hábitos, actitudes, valores y habilidades que
ayudan a los hijos a desarrollar su propia autonomía y control personal
para afrontar la responsabilidad de su existencia.
Se
parte del hecho que el desarrollo de un modelo de competencia individual
y social dentro del hogar los permitirá resolver con mejores recursos
las situaciones intra e interpersonales de iniciación al consumo. Los
padres tienen un alto grado de oportunidad de intervención sobre los
factores de riesgo que detectan en sus hijos desde el ámbito familiar.
Por ejemplo, si los hijos tienen una autoestima baja, los padres pueden
promover valores positivas hacia la salud y/o valores prosociales, los
cuales repercutirán positivamente en el incremento de la seguridad en sí
mismos y, por lo tanto, mejorar el autoestima. Si mejoran los canales
de comunicación, el asertividad aumentará en los distintos miembros de
la familia. Si se generan estrategias que refuerzan los padres en
estilos educativos adecuados con los hijos y se capacita de habilidades
para la comunicación, se promoverán climas familiares positivos que
fortalecerán la cohesión familiar, disminuyendo el riesgo de establecer
una relación problemática con las drogas.
Un programa de
prevención en el ámbito familiar es necesario que desarrolle su
contenido trabajando los conceptos básicos de drogas y su clasificación,
los factores de riesgo, la familia (Estilos educativos y
drogodependencia) y las estrategias psicológicas de prevención a
potenciar en el ámbito familiar tales como mejorar e incrementar la
comunicación familiar, potenciar el autoafirmación en sus hijos,
desarrollar un autoconcepto y una autoestima positiva en su hijo,
enseñar a su hijo a resolver problemas, controlar sus emociones y
afrontar racionalmente los situaciones conflictivas con sus hijos así
como el desarrollo de actividades de ocio y tiempo libre saludables